miércoles, 19 de junio de 2013

Aprender a manejar tarde...

Como la carretera estaba despejada Peti me permitió tomar el volante y ella y Chanel (nuestro perro) ocuparon el asiento del copiloto. Aprovechando la oportunidad hinqué el pie en el acelerador y me detuvo un policía en su motocicleta (nosotros les llamamos caballitos) se acercó me pidió los documentos del carro y mi identificación, se los di y para mi sorpresa me preguntó: ¿Dígame su nombre? 

A lo que rápido respondí: ¡Roso Fornés! El oficial me miró y me espetó calmado: Usted no se llama Roso Fornés, entonces le dije: ¡Perdone, estaba bromeando, estoy de buen humor, en realidad me llamo Alicio Alonso! Usted no tiene que bromear conmigo, dígame de una vez cual es su nombre porque no es ese el que aparece ni en su circulación ni en su carnet de identidad, me dijo el policía de tránsito. Continué mi juego, agarré el carnet, lo miré y agregué: ¡Mire lo que ocurre es que a mi madre le encantaba cambiarme el nombre aquí dice en efecto Amaury Pérez pero en realidad me llamo Omoro Portuondo!!! 

Para aumentar mi asombro respondió: Pues mire compañero no le pondré la multa por exceso de velocidad pero dígale a su madre que cuando le cambie el nombre le saque otro carnet de identidad y una nueva circulación. Siga, agregó.

Conclusión; Casi nadie es profeta en su tierra y lo peor es que ni Rosa, Ni Alicia, ni Omara, ni Consuelito lo son, al menos, para el caballito que me pidió hoy, a la altura de Guanabo mis documentos!


AMAURY PÉREZ VIDAL /  19 DE JUNIO DE 2013


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