miércoles, 12 de junio de 2013

Palabras para Alan

Mi disco “Aguas”, grabado en 1979, año en que nació Alan Pérez García, creador y absoluto responsable de esta exposición, precipitó en este 2010 otras “Aguas” más caudalosas y auténticas. Estas que hoy nos presenta.

El ciclón Wilma azotó con incontrolable fiereza el borde de nuestra costa norte en octubre de 2005 y desató, en el entonces fotógrafo debutante, la ansiedad creadora. Dispuesto a capturar la contingencia se lanzó, cámara en mano, a registrar el evento sin otra pretensión que reportar el desastre para una televisora danesa. Cinco años después, y ya al corriente de la manipulación digital de las imágenes fotográficas, técnica desarrollada con fuerza en los últimos años, advirtió que nuestra bandera, con sus colores resplandecientes, podía trascender, a través de su inquieta mirada, la calamidad y el abuso al que nuestra condición de isla caribeña fue (y será lamentablemente) sometida ¿un amuleto, un resguardo, un rosario, un escapulario? ¿quién sabe? habría que preguntárselo.

Aunque yo no soy más que un simple observador del arte honesto y genuino y no un enjundioso especialista de las artes en ninguna de sus variantes, los años de bregar entre artistas plásticos de ésta y otras latitudes me hicieron detenerme respetuoso ante la entrega que en primera instancia me fue revelada por Alan. Rememoré ante la obra, sin euforias paternalistas, un trozo de canción de aquel disco del que hablaba al principio: “Donde me empuje el agua me iré, donde me lleve, siguiendo el curso raudo y tenaz de la corriente” cual no sería mi sorpresa cuando al preguntarle al autor como nombraría la exposición me respondiera con autoridad y suficiencia: Se llamará “Aguas” como aquel disco tuyo.

Me detendré un instante en las obras:“Ave de los residentes”, la bandera abraza al madero como un sudario. “Desagüe” viene a sugerirme que la bandera vuelve a lavar los restos de la inundación. En “Encierro”, “Reflejo”, “Revolución”, “Vigas” y “Pasamanos con Bandera” donde en las compuertas del túnel de quinta avenida aparece curando o aliviando los signos de la devastación. “Hope” (esperanza) se me figura una daga de césped rojizo, donde una saludable estrella verde se mantiene alerta, ensartando el brocal del conducto submarino. Me detengo en el aparecido emblema que como un ángel custodio protege el malecón habanero del atrevimiento de las aguas; véase “Sin título”, “Pare” y “Destello de mar”. La inclaudicable “Historia de Cuba” o la irónica “Piscina Popular” me descubren al final del recorrido que para retener la emoción y transferirla a la categoría de obra de arte se necesita de un talento singular que sólo los elegidos o los advertidos poseen.

Unos meses después de que el disco “Aguas” fuera editado, Alan era ya una evidencia en los brazos de sus padres, hoy, treinta y un años más tarde aquella certeza se convirtió en destello.

Debo agregar como dato final de estas breves palabras que Alan Pérez García es mi hijo mayor. Una obviedad de la que no puedo sentirme más que orgulloso, pero superando el amor filial y ante la faena culminada, está su confianza, que es la mía, de que la bandera que nos cobija es también alimento para el espíritu y aliviará los sinsabores de otros huracanes que esperan el momento propicio para desnudarnos el malecón.

¡Enhorabuena Alan!



Amaury Pérez Vidal/ La Habana/13 de agosto de 2010.

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